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LAS TECNOLOGÍAS DE INFORMACIÓN Y COMUNICACIÓN (TIC’s)
Y LA TEORÍA DEL CAPITAL SOCIAL.
El conocimiento, la confianza, los afectos y la solidaridad social son el único "capital" que se acrecienta cuanto más se los reparte.
-(ALAIC 2002. Comisión de Comunicación, Tecnología y Desarrollo).-


Eduardo A. Vizer(*)

 


El término Capital Social –y la metáfora del “cultivo social” que proponemos aquí- ha comenzado a asociarse a las mutuas influencias e interrelaciones entre redes, ya sean éstas estrictamente sociales o bien tecnológicamente mediadas (redes sociotécnicas apoyadas en medios tecnológicos). La noción de C.S. vá insertándose paulatinamente en diferentes disciplinas con sentidos específicos, cada una con una interpretación particular. Así también el acceso a medios de intercambio de información y comunicación pueden considerarse como agentes de crecimiento (o bien de transformación) del capital social, el de la formación y capacitación de capital humano y de conocimientos de una comunidad, ya sea ésta local, regional o mundial, circunscrita a un espacio geográfico o bien virtual (comunidades virtuales sustentadas en TIC´s).

La emergencia reciente del paradigma del capital social (C.S.) provee un marco teórico para entender y/o construír relaciones sumamente fructíferas entre diferentes ciencias sociales. Por otro lado el crecimiento exponencial de los sistemas de redes electrónicas y telemáticas tanto públicas como privadas (TIC's), puede concebirse teórica y empíricamente desde la perspectiva de su función en la promoción y desarrollo tanto cuantitativo –como conexionismo social- así como cualitativo (como “cultivo social” de la comunión, confianza, reciprocidad, participación, proyección de futuro, etc.). Como política de sinergia y articulación entre diferentes actores sociales (comunidades, agencias estatales y públicas, instituciones, etc.).

En la Universidad de Michigan un equipo interdisciplinario de economistas, sociólogos, cientistas políticos y antropólogos que ha conformado el "Grupo de Interés del Capital Social" (SCIG en inglés), lo define como:

"Los beneficios potenciales, ventajas y tratamiento preferencial que resulta de la simpatía y sentido de obligación de una persona o grupo hacia otra persona o grupo de personas. El Capital Social también incluye los potenciales beneficios, ventajas y tratamiento preferencial que se origina en la simpatía y sentido de obligación hacia el yo idealizado".

Esta definición incluye consideraciones de otras definiciones de C.S.: para Bourdieu (1986), las obligaciones sociales o "conexiones" son convertibles en capital económico bajo ciertas condiciones; como un recurso de los individuos que emerge de sus relaciones sociales (Coleman, 1988); como actividades mutuamente beneficiosas que promueven y refuerzan un sentido de bien común (Fannie May Foundation, 1996); bien común evidentemente asociable a la noción de bien público; a la habilidad para crear y sostener asociaciones voluntarias (Putnam, 1995); a la confianza (Fukuyama, 1995); y a las relaciones de mutuo cuidado ("caring" en el original en inglés) entre personas y sus instituciones (Robinson y Schmid, 1991).

Coleman (1988) planteó su utilización en la sociología; Portes y Landolt (1996) atribuyen el origen del término a Bourdieu en los 70, con su noción de estructura social como una "topografía" de relaciones sociales, y propone que los actores sociales se hallan posicionados de acuerdo a sus "patrimonios" de capital económico, social y cultural. Woolcock señala el uso del término ya a comienzos de los 60. Hyden (1993) discute la noción de C.S. desde la perspectiva de la ciencia política. Putnam (1995) sugiere que la oferta de C.S. en los Estados Unidos ha decrecido. Fukuyama (1995) lo asocia a la confianza y sugiere que la confianza o el C.S. se halla en la fundación de la acción colectiva. C. y J. Flora sostienen la importancia del C.S. para el sostenimiento del contrato social de la sociedad. Robinson, Schmid y Hanson (1995/6) discuten el rol del C.S. en la economía, y Fox (1996) lo hace para el desarrollo. Gold (1994/5) ha escrito sobre como el C.S. puede funcionar como un recurso para organizar el desarrollo comunitario y la capacidad de emprendimiento (entrepreneurship) entre poblaciones definidas "étnicamente". Finalmente, Kawachi, Kennedy y otros (1997) han demostrado que la desigualdad en los ingresos se relaciona a la reducción de la cohesión social, y que la desinversión en C.S. se halla asociada a un aumento de la mortalidad.

Las TIC's, como un término que describe un conjunto heterogéneo de técnicas, sistemas de aparatos electrónicos, máquinas "inteligentes", redes tecnológicas, programas informáticos y usos sociotécnicos y culturales que se hallan en pleno crecimiento exponencial, se hallan aún en una etapa primaria de búsqueda de marcos teóricos de interpretación que les sirvan de articulación y sustento conceptual.


Este trabajo propone discutir y asociar el "complejo TICs" con el marco del paradigma naciente del C.S., y encuadrar la diversidad creciente de aplicaciones sociales de las mismas desde una perspectiva que plantee la posibilidad de desarrollar programas y políticas públicas que promuevan su función como promotoras de crecimiento del capital social y humano de la comunidad.

El crecimiento -asociado a bienestar- se entiende como aumento del conjunto de recursos disponibles que favorezcan el desarrollo de capacidades y espacios de funcionamiento (Amartya Sen, 1995), "conjunto de las capacidades, que puede entenderse como libertad de la que goza una persona para buscar su bien-estar" Desde esta perspectiva "la pobreza es vista en términos del fracaso de las capacidades para la consecución de determinados funcionamientos" (G. Mendicoa y L. Veneranda, 1999). Las TIC's pueden concebirse como recursos de capital físico (y tecnología) y desde la perspectiva de "fuerzas productivas" para el desarrollo de las capacidades de funcionamiento que favorezcan la producción de capital social, humano y simbólico en la sociedad. Las Políticas Públicas y Sociales deberían entonces promover las TIC's como recursos públicos para el acceso, la creación y apropiación social de todas las formas de capital (tendencia que se acentúa eminentemente en círculos privados ya de por sí ricos en recursos y capital). Estas políticas favorecerían el desarrollo autosostenido de la sociedad civil (comunidades, Organismos No Gubernamentales, sistema educativo, de salud, comunicaciones, acceso a fuentes de información, y todo lo que se engloba bajo el término aún difuso de "conectividad", y de las propuestas sobre el diseño de Sistemas de información centrados en la persona humana "Human Centered Information Systems").

Históricamente, este proceso ha comenzado por las instituciones militares y el Estado "invisible"; luego por el uso empresario, económico y financiero -el mas "globalizado" y des-controlado- siguiendo por los centros de investigación, las universidades, los sistemas de educación, salud, seguridad, etc. En todos los casos, la creación y la difusión de redes telemáticas, -socialmente cada vez mas horizontales- ha hecho crecer en forma exponencial la cantidad de relaciones, de filiaciones, vínculos e identificaciones sociales posibles tanto para los individuos, como los actores sociales y las instituciones.

La intensidad y duración de las relaciones sociales varía de acuerdo a la durabilidad e intensidad del C.S. creado por las interrelaciones sociales. La intensidad de éstas puede describirse como una función directa del tipo regular de comunicación involucrada entre los actores: cara a cara o bien a través de un medio de comunicación. La intensidad de las relaciones sociales puede también depender del sentido y el objetivo de la comunicación establecida. Si el propósito es fortalecer la propia posición económica, es totalmente diferente de la que se establece entre amigos o una pareja que intenta fortalecer sus vínculos emocionales y su compromiso mutuo.

Una característica del C.S. es que -a diferencia de otras formas de capital- es intrínsecamente social desde su origen (las propias relaciones humanas, el contexto y el “milieu” social y cultural en que los individuos “cultivan” sus relaciones y condiciones de vida; su “mundo de la vida”, en los términos de Husserl). El capital financiero se origina en los mercados financieros. El Capital Humano se origina en las instituciones y los contextos educativos y de capacitación, dentro de los cuales - o a través de los cuales - las "capacidades de funcionamiento" - en el sentido que le otorga A. Sen - pueden desarrollarse como talentos, técnicas y conocimientos enseñados y aprendidos (según la calidad del sistema y de los procesos de enseñanza-aprendizaje). El capital físico, se origina en la producción y el empleo de bienes materiales utilizados para el propio proceso productivo. Bourdieu originariamente concibió el término de capital simbólico para referirse al acceso y la posesión de bienes culturales, y otros autores agregan a la lista conceptos como capital emocional para describir los sentimientos de apoyo, pertenencia y adscripción a círculos y redes sociales (familia, amigos, iglesias, terapias, instituciones de contención, etc.).

En el C.S. juegan un rol fundamental la sociabilidad, las simpatías y el sentido de obligación y solidaridad que se desarrollan debido a la durabilidad -a veces la permanencia de por vida- así como la capacidad de las relaciones sociales para proveer al individuo de afectos, y de la percepción de que puede recibir con seguridad y repetidamente un tratamiento preferencial y beneficios en la forma de apoyo afectivo, bienestar y cuidado material. Así también éste C.S., en la forma de confianza y simpatía, puede comenzar a disminuír si no hay reciprocidad, o sea si un individuo, grupo o institución "usan" su C.S. en forma de abuso, engaño o extorsión sin demostrar interés de compensar con alguna forma de acción o de aporte hacia los demás (interés en mantener y reponer su propio C.S.).

El C.S. del que pueda disponer una persona, grupo o comunidad, condicionan el acceso a una amplísima gama de bienes y servicios. Se puede mencionar servicios públicos, legales, vivienda, educacionales, de empleo, bienestar social, consumo cultural y simbólico, etc. Así también, el C.S. puede determinar en gran parte diferentes términos del intercambio de bienes y servicios: entre miembros de familias, desconocidos, grupos de interés, etc. El C.S. incide enormemente sobre los logros laborales y educativos de la persona, sobre las pautas migratorias (la migración hacia las ciudades, el apoyo al migrante y la convivencia con parientes).

LAS REDES TECNOLÓGICAS DE INFORMACIÓN Y COMUNICACIÓN Y EL “CULTIVO” DEL CAPITAL SOCIAL Y HUMANO.-


En relación a las redes sociales sustentadas por TIC's, se pueden mencionar en principio cuatro clases bien diferenciadas según su origen de formación y los modos de participación de los individuos en las mismas.

En primera instancia podemos mencionar la creación de redes comunitarias de TIC´s en forma de redes electrónicas voluntarias, implementadas por grupos preocupados por la promoción o el mantenimiento de valores de C.S y cultural, o bienes e intereses públicos comúnes (espacios públicos, derechos humanos, salud, etc.). En un segundo caso existen grupos que pueden nacer o crecer a partir de la promoción de redes "corporativas", como expresión de sectores particulares en representación de sus intereses, y que sostienen actitudes de defensa, ataque o de presión pública. Un tercer caso representa mayormente la oferta de servicios especiales, de redes virtuales a partir de su origen y de sus fines, muchas veces ligadas a nuevas formas surgidas de la propia dinámica de ofertas y emprendimientos -o microemprendimientos- de las redes virtuales, y la posibilidad de promover e incrementar servicios hacia sectores con nuevas necesidades y demandas. Por último, se halla la formación de redes surgidas de la economía privada tradicional, que buscan expandir las ventas de bienes y servicios cubriendo los nuevos mercados virtuales con información y publicidad (la economía y el comercio "real", explorando la expansión de los mercados virtuales). A la larga, se verá si las cuatro formas no buscarán por la propia lógica avasalladora del mercado, una tendencia hacia la convergencia, en un espacio virtualizado.

Los grupos, o sectores sociales generalmente ya de por sí ricos en varias formas de capital, buscan expresamente desarrollar una red electrónica que les permita acrecentar o mantener su acervo de capital originario, muchas veces por medios asociados a la cooptación o la fusión (fenómeno ya observado con los medios de comunicación y las radios comunitarias surgidas en los 80). Pueden así tender a cerrarse en círculos que buscan y adquieren información estratégica, acceso a canales y medios de poder político, ventajas materiales, etc. El gran peligro de este uso de las TIC's recae obviamente en que su objetivo central se halla en crecer privadamente a expensas del resto de la sociedad o bien de otros sectores. La excepción estaría en la formación de "redes de defensa" de intereses y valores públicos. Estos son los casos a los que se deberá prestar especial interés. Son las que se hallan en el origen de la formación de redes de defensa de derechos de género, de las minorías étnicas, de sectores desfavorecidos de C.S., de sectores semimarginados social o culturalmente, etc.

Cuando los grupos se conforman en diferentes redes, generalmente buscan aumentar sus ventajas a expensas de otros o de la sociedad. En la arena política, los grupos de interés pueden llegar a controlar la agenda pública, y no exactamente en el sentido del interés de la sociedad. Esta ventaja se logra porque el grupo tiene recursos de C.S. mayores que otros, y se halla mas y mejor organizado que la sociedad civil. Innumerables ejemplos históricos nos permiten ilustrar este proceso (partidos políticos, agrupaciones sectoriales, corporaciones nacionales y en especial transnacionales).

Identificar como capital a los beneficios potenciales que se derivan de sentimientos como la simpatía y el sentido de obligación, revela cualidades equivalentes a las asociadas al capital en el sentido tradicional. La noción de capital sugiere la posesión de un bien duradero, de un recurso poderoso que ayuda a retener la identidad de su propietario, y que en sí mismo puede mantener un valor y una identidad social propia; la que puede ser usada, instrumentada, transformada o destruída, mantenida o incrementada. Asi, con respecto a otras formas de capital, podemos preguntarnos sobre que clases de valores y servicios son proveídos por el capital? Cuáles son los procesos mediante los cuales el C.S. es usado, mantenido, e incrementado? Quién lo controla? Cómo se manifiesta, como puede ser evaluado y aún medido? Que indicadores habrá que elaborar para desarrollar programas de investigación y de "intervención" social (Políticas Públicas)?

Estas preguntas son mucho más que meras inquietudes académicas. El fracaso de las políticas centralizadas y autoritarias aplicadas en países "subdesarrollados, periféricos, o emergentes" (en términos del vocabulario internacional actual) obliga a repensar las estrategias nacionales de desarrollo y a contar con instrumentos conceptuales y también operativos que permitan asociar al Estado con las comunidades y la sociedad civil en programas de colaboración para el crecimiento de las diversas formas de C.S.y humano. Las TIC's por sí solas no son una solución, pero indudablemente son indispensables para construír nuevas formas de lucha contra la marginación, la desocupación y la pobreza, y los programas de educación, capacitación, información pública, salud y seguridad social.

Ni la "sociedad de la información" de los prospectivistas, ni su sucesora la "sociedad del conocimiento", deberían concebirse como expresión de nuevas formas históricas de formación de élites, ligadas ahora a la producción, gerenciamiento y transformación de los nuevos bienes y servicios de la sociedad posindustrial: o sea como élites del conocimiento, y mucho menos aún si siguieran la tendencia actual de formación de élites tecnocráticas regidas por racionalidades utilitarias y eficientistas (comúnmente descriptas como "pensamiento único"). La propia estructura de las "redes comunitarias electrónicas sustentadas por TIC's" (S.Finquelievich, 1999) socava en principio cualquier tendencia hacia la centralización en este sentido. El proceso tiende mas bien a la multiplicación exponencial de las redes, a su especialización en ciertos temas, agenda de problemas, informaciones y conocimientos. El capital informacional y simbólico de la sociedad tiende a expandirse y descentralizarse, y a escapar de fuerzas centrípetas (o "atractores" en términos sistémicos) que favorezcan la formación de élites centralizadas.

La existencia de un sólido C.S. y humano, aumenta las posibilidades y demandas de inversiones en bienes públicos (salud, educación, seguridad) cuando el público se halla asociado a contextos y redes ricas en C.S. La demanda de inversión y la conciencia de derechos de acceso a recursos y bienes materiales y culturales aumentan en función de la percepción de los mismos como una necesidad para el mejoramiento del bienestar. Una anécdota real ayudará a ilustrar esta proposición que a primera vista puede parecer algo abstracta. Hace unos años, un gobierno quiso implementar un programa integral de provisión de servicios básicos para un barrio pobre cuyos pobladores ocupaban todo un cerro cercano a la ciudad. Sensatamente, comienzan por hacer un estudio por áreas y vecindarios. La sorpresa surge cuando los planificadores descubren que las prioridades de los pobladores no solo eran diferentes sino que respondían a un patrón ligado a la altura de cada vecindario en el cerro. Los pobladores de la base exigían mejores caminos de acceso, los de la parte media del cerro exigían gas para cocinar y calentarse, y los de la parte alta solo pedían agua. A medida que se elevaba la altura de la vivienda, decrecían las condiciones de vida y la provisión de servicios, y esto determinaba una percepción de necesidades y demandas diferentes. Como los recursos del país son muy insuficientes, el programa debió adecuarse a las demandas percibidas por cada sector de la comunidad. De haberse aplicado el programa concebido originalmente, de tipo centralizado y vertical, los escasos recursos hubieran sido no sólo insuficientes, sino que probablemente todo el proyecto hubiera naufragado. Ni las necesidades ni las demandas sociales son valores objetivos y absolutos, sino en su mayor parte "construídos" y percibidos por la propia comunidad, y es en tal sentido que el Estado debe respetar e incluír la visión social de las mismas y las perspectivas de las diferentes comunidades así como los términos de la diversidad cultural en los diseños de las políticas sociales.


El crecimiento de las diferentes formas de C.S. de una comunidad puede ser concebido como mejoramiento de las condiciones de vida, de la calidad objetiva y también la percepción de la misma por parte de sus miembros, de los "valores" sociales adquiridos en el tratamiento de la salud, la educación, la autonomía de decisión, participación en el diseño e implementación de programas sociales, etc. Para esto se requiere generar patrones estables de interacción y de cooperación, y de acceso a canales de información, comunicación y conocimientos social y culturalmente relevantes para la comunidad. El crecimiento del C.S. en un sentido restringido y asociado a los medios de información y comunicación, alude a un incremento que es físicamente medible por medio de indicadores materiales, sociales y también culturales en el caso de las TIC's, a través del acceso de una población a múltiples canales y formas de intercomunicación. El desarrollo del capital humano y de conocimientos por medio de la educación y la capacitación, pueden incrementarse asimismo en forma exponencial por sistemas online que se desarrollan y aplican gradualmente en todo el mundo.

Desde iniciativas de la propia sociedad civil, el "Sector Social" (o Tercer Sector, ni estatal ni privado) este proceso se vá concretando a pasos agigantados por medio de las "redes ciudadanas sustentadas por TIC´s" como "sistemas informáticos on-line concebidos para promover y estimular la comunicación, la cooperación, la participación y el intercambio de información, experiencias, bienes y servicios entre los ciudadanos y los actores públicos y privados de una comunidad (ONG's, instituciones gubernamentales, y empresas privadas) mientras simultáneamente abre la comunidad local a la comunicación en red con la comunidad global" (S. Finquelievich, 1999). Según la visión mas aceptada, se conciben tres clases de redes (anteriormente, en este trabajo hemos descripto cuatro): las de interés privado; las "redes cívicas" de propósito múltiple, promovidas por el Estado (como el programa de Internet generalizado para la Argentina actual); y por último las redes comunitarias concebidas como un servicio público, y surgidas en base a iniciativas de la sociedad civil (universidades, ONG´s, municipios, etc.).

Casos diferentes, de una enorme proyección futura para el diseño de políticas públicas, - y sumamente interesantes de analizar - surgen de la colaboración entre los tres sistemas de redes para el desarrollo de programas sociales específicos. Un ejemplo para seguir de cerca se halla en el proyecto LINCOS (Little Intelligent Communities, donde "little" no se refiere precisamente al "tamaño" de la inteligencia sino al de las comunidades). La Fundación Costa Rica Para el Desarrollo Sostenible, el Instituto Tecnológico de Costa Rica y el Massachusetts Institute of Technology (MIT), han desarrollado los primeros prototipos de centros LINCO, uno en Costa Rica y el otro en el MIT. Se trata de contenedores marítimos equipados con un enlace satelital digital, una conexión telefónica inalámbrica local, laboratorios de análisis, servicios de telemedicina, un laboratorio computarizado, educación a distancia, comercio electrónico, servicios bancarios y un centro de información multipropósito. La energía proviene de paneles solares y el contenedor puede ser instalado en cualquier comunidad rural y en lugares de difícil acceso como montañas o en la selva. El proyecto, que comienza en Costa Rica, prevé próximamente la instalación de 25 LINCOS en localidades rurales de América Central. El contenedor cuenta con un laboratorio computarizado que servirá de apoyo a la escuela local y un centro de telediagnóstico de salud que permite a los usuarios hacer consultas con médicos de la capital del país sin necesidad de trasladarse. Un centro de información vía Internet responde a consultas de los vecinos, un auditorio para videoconferencias y servicios de cajeros automáticos, bancos y tarjetas con microprocesadores completan la oferta de servicios. El proyecto cuenta también con el apoyo de empresas como Motorola y Hewlett Pacckard, que ayudan a cubrir el costo de U$S 50.000 de cada LINCO. Tomando en cuenta la magnitud de los servicios que provee, el precio es accesible para la mayor parte de las zonas rurales y periféricas.

TEORÍAS: CAPITAL SOCIAL; SECTOR SOCIAL; REDES SOCIALES Y VÍNCULOS.-


Ambas teorías -la de las redes y la del capital social- se hallan en un proceso de estrecha y fructífera vinculación. N. Kenneth (1997) formula una definición alternativa de C.S., vista como un proceso subjetivo que se asienta en la cooperación, la confianza y la reciprocidad, un "fenómeno subjetivo compuesto por varios valores y actitudes que influencian el modo en que las personas se relacionan entre sí". Explora diferentes "modelos" de confianza y redes sociales en las concepciones de la democracia y el C.S. Desagrega a éste último en normas, valores y redes sociales y examina las conexiones entre ellas en los procesos cooperativos y de compromiso cívico en las democracias actuales. El foco de análisis se centra en los valores, las actitudes y la reciprocidad que ayudan a los individuos a superar relaciones conflictivas y competitivas para buscar crear relaciones de cooperación y ayuda mutua. La reciprocidad evoca la expectativa de que lo que "se dá" será retribuido de alguna manera por alguien en el futuro. Esta expectativa descansa básicamente en la confianza en los demás, y permitiría transformar relaciones conflictivas y competitivas propias de la visión Hobbessiana de la sociedad, en una basada en la cooperación y la acción colectiva voluntaria, generando mas entendimiento y buena voluntad para la resolución pacífica de los conflictos. Cuando las redes sociales son concebidas como un componente central del C.S., la atención se focaliza en la potencialidad de las relaciones sociales para mejorar el funcionamiento social y político. La relación entre redes sociales y valores es central para la teoría del C.S.

Kenneth examina la relación entre la confianza y las redes sociales en tres "modelos" de la democracia y el C.S. El primero es caracterizado por la sociedad comunal tradicional, con gran confianza social; el segundo se halla representado por las asociaciones voluntarias, la solidaridad "orgánica", menor confianza y en función del modelo de la "virtud cívica" de Tocqueville. El tercero se formula sobre la democracia moderna, la confianza abstracta, las comunidades imaginarias, la educación y los medios de comunicación. Por último, el autor sugiere que para entender la naturaleza del C.S. en la sociedad moderna, se debería ir mas allá de la concepción clásica de democracia que aún prevalece.

La noción de red social es realmente una denominación nueva para una antiquísima forma de asociación humana (parentesco, familia, liderazgo). Pero es la "arquitectura institucional" o forma predominante de crecimiento de las organizaciones sociales a partir de fines del siglo XX. La era Posindustrial es también la de la posorganizacion, el posautoritarismo verticalista, y las nuevas formas de relación y asociación social. Pero también puede ser presumiblemente el origen de un nuevo "huevo de la serpiente", un catalizador de la centralización de bases de datos sobre fuentes de información global y de nuevas formas de control social por medios hipertecnológicos (no olvidar el escándolo estallado en el Parlamento europeo por las denuncias sobre el control global de la información acordado entre países del mundo anglosajón, por medio del sistema Echelon vigilando desde el espacio).

Para la teoría de las redes, no existe mas “un centro”, ni de decisión ni de ejecución ni de poder. Aunque la investigación social será la que confirmará o refutará esta tesis optimista. Una red voluntaria se mantiene mientras sus miembros desean y necesitan de ella. Cuando esta voluntad personal desaparece, también lo hace la red. En teoría sería un modelo de organización democrática "instantánea" de libre elección personal, constreñida en el tiempo y en un espacio virtual y sujeta al deseo de la duración de las motivaciones o intereses de sus miembros.

Si los iniciadores, o los responsables, como motores de la sinergia de una red, no saben o no pueden comprender y asumir este proceso, y renovar la sinergia, la red deja de existir. En resúmen, parafraseando una famosa metáfora: “ninguna red es más resistente que su trama mas fina”. Y la trama de una red es tan fuerte o tan débil como los vínculos y el cultivo emocional y simbólico que mantienen unidos a los seres humanos.

En todas las relaciones sociales, los vínculos sólo son posibles si se logra crear un estado de confianza –una especie de mística social que podríamos definir como un “estado de gracia secular”- un sentido de “comunión” que une y reúne a un grupo humano. La envidia, los celos, la ambición, el secreteo y el rumor son las arenas movedizas en que se disgrega la confianza primordial. Una vez instalada, la desconfianza es como la peste, a la corta o a la larga tiende a disgregar la trama social y disolver los vínculos y la credibilidad, proceso que en el ámbito político se concibe como pérdida de legitimidad del contrato social entre el pueblo y los gobernantes. Un término técnico ligado a la desconfianza sería el de incertidumbre, fenómeno social que acrecienta las tendencias hacia la aislación, la inseguridad general, y la competencia y sagacidad individual entre los hombres, las mujeres y las instituciones con el solo fin de resguardar las diferentes formas de capital (ya sea material o social).

Tanto en las organizaciones en el sentido clásico, como en las redes asociativas formales, los responsables o directivos de las mismas, son "depositarios" de la representación legítima de una red formal institucionalizada (como organización legal, institución voluntaria, fundación, etc.) y son representados también como una proyección personal y subjetiva que hacen los propios miembros en tanto grupo, hacia los representantes del “centro imaginario” de la propia red de pertenencia. Los directivos no solo representan sino que sobre todo "comunican" tanto hacia el exterior (hacia la sociedad), como también hacia el interior de la red un imaginario de existencia "real", dentro de un espacio y un tiempo determinados. Los directivos son entonces un puente, un símbolo entre el afuera y el adentro, entre lo real, lo formal y lo proyectado como imagen idealizada del grupo, la red u organización. El "puente" sólo sirve para cruzar o unir ambas realidades si inspira suficiente confianza en los principios y expectativas mutuas de reciprocidad social. Este puente se halla construído por los actos y los procesos de comunicación (directos e indirectos de relación cara a cara o bien mediados por informes, por la prensa, la radio, la televisión o las nuevas TIC´s.)


El denominado Sector Social (o bien Tercer Sector) es otro componente fundamental para avanzar en el estudio de las relaciones entre el C.S., las redes y los procesos de comunicación para el avance de la democracia. El Sector Social está surgiendo como una expresión espontánea y mayormente democrática de la sociedad civil. Se expresa como una afirmación cultural reactiva y al mismo tiempo positiva, de demanda y respuesta a la “crisis de los sistemas de representación política”. La sociedad ha dado origen a los movimientos sociales y a la emergencia de las redes sociales informales, tanto en las sociedades desarrolladas como en las periféricas. Esto no sólo es un efecto del vacío dejado por la desarticulación del Estado benefactor, sino que también representa la necesidad de reconfigurar los espacios decisionales tradicionales, con la finalidad de que los ciudadanos tomen la iniciativa en la resolución de los problemas sociales y con valores que incluyen concepciones sobre la responsabilidad en un destino global. Es en este sentido que resurge un explosivo interés en lo que R. Castel denomina “gestión de los riesgos sociales”, y la definición de perfiles de poblaciones con “niveles de riesgo”, así como la demanda de estudios sobre políticas públicas, la formación de recursos humanos en gestión social, y en los mecanismos de desarrollo y autosustentación de las Organizaciones No Gubernamentales y el crecimiento constante del denominado “Tercer Sector” (ni estatal ni privado).

“Tanto a nivel macro como microsocial, los sectores menos favorecidos de la comunidad y las instituciones públicas y privadas, se ven obligadas a cambiar sus estructuras y procedimientos organizativos, tanto económicos y sociales como mentales: lo local se rearticula en lo global, la organización (empresa, organismo público o asociación comunitaria) se rearticula en sistemas de redes y en contextos día a día mas amplios. Al decir de Bell (1974), el desafío es gerenciar la complejidad organizada. Primero la empresa, luego la universidad y el Estado, y ahora las ONGs y las asociaciones civiles, se hallan desarrollando la reflexión y las estrategias teóricas y operativas para interpretar, diagnosticar e intervenir en estos procesos de cambio” (Vizer 1997, aportes para un Programa de Orientación en Comunicación Institucional, UBA).

Tanto la teoría de las redes sociales como la del C.S. vienen a cumplir en este sentido, fructíferos y promisorios recursos intelectuales. Por un lado para el análisis y la integración interdisciplinaria de conocimientos y la construcción de teoría relevante, y en segunda instancia (last but not least) para el diseño de estrategias de intervención social y profesional cooperativa por parte de científicos sociales, el Estado, las instituciones públicas y privadas y la propia comunidad. Conocimientos aplicados para el diseño de programas sociales no directivos, sino asentados en concepciones de análisis de campo, diagnóstico participativo, coordinación y mediación, apoyo y "facilitación social"; todo orientado hacia el desarrollo de la (auto)gestión participativa de la comunidad. El tema de las redes sociales ha sido desarrollado desde distintas perspectivas, y en algunos casos con una denominación diferente. Las experiencias que se vienen desarrollando en diversos países y en ámbitos sociales y culturales completamente dispares, van construyendo un campo de estudio y de aplicaciones totalmente innovador.

Desde una perspectiva sociológica merecen destacarse los aportes que relacionan los procesos de marginalización generados en gran parte por el desempleo, la patología económica y la patología social, las crisis de identidad en las sociedades modernas con la ruptura de las redes sociales de pertenencia y la pérdida de la seguridad de los contextos locales. R. Castel (1991) denomina a este proceso progresivo “desafiliación social”, y Giddens habla de “desempotramiento” de las instituciones, como “desprendimiento de las relaciones sociales de los contextos locales y su recombinación a través de distancias espacio-temporales indefinidas”.

Desde la terapia familiar K. Gergen ha afirmado tanto la función de la red social para el desarrollo y cambio de cada uno de los miembros de la familia (Sluzki C., Bott E.), así como la importancia de apelar a ella en la resolución de situaciones de crisis (Speck R., Klefbeck J., Maldonado A.). También el análisis institucional ha reconocido al concepto de red como fundamental para abordar el análisis, el diagnóstico y la intervención en los grupos formales e informales, en los procesos de comunicación y de decisión, de crisis y de cambio en las organizaciones. El concepto de red ha llegado a ser considerado como fundamental para el desarrollo comunitario (y hasta como su “suplente” para algunos teóricos centrados meramente en un nivel de análisis microsocial). La creación de redes de solidaridad social ha tenido en el psiquiatra Mony Elkaim uno de sus iniciadores: “como precondición para la creación de una red de solidaridad, tratamos de que los miembros de la red se compenetren de la manera en que el problema de un individuo es el de un grupo atrapado en las mismas contradicciones”. El concepto clásico de individuo autónomo, concebido como un ente separado – o “separable”- del grupo, de su contexto social, espacial y temporal, es así entendido como una mera abstracción, propia de la figura y del discurso jurídico y económico de la Modernidad. El inmigrante, el marginado, el discriminado, sienten la distancia y la “separación” que les impone la sociedad y también la cultura, como una desvalorización y una pérdida (pérdida de un capital social y afectivo original). Este proceso parece precisamente el revés de lo que pregona el individualismo clásico (el triunfo individual, acceder “al éxito”, tener una posición social “por arriba de”, y no “con nosotros” en una comunidad de iguales).

Repensar la vieja problemática de las relaciones entre individuo, sociedad y cultura - tantas veces considerada como resuelta o bien como falsa y obsoleta, pero siempre renaciente desde diferentes encuadres - con instrumentos conceptuales como las nociones de red y capital social, abre un campo de investigación - que aunque sea redundante repetirlo - es intrínsecamente interdisciplinario: desde las ciencias cognitivas a la psicología social, de la sociología de los grupos y las organizaciones, a la multiplicación de las aplicaciones sociales, y a las redes de comunicación interactiva y la telemática (redes informáticas de grupos, instituciones y comunidades virtuales. Buenos Aires, por ej., hace ya un tiempo que cuenta con un “hospital virtual”, redes de universidades virtuales, bibliotecas, bancos de datos, educación, grupos de apoyo, terapia y hasta relaciones sentimentales telemáticas. La “autopista de la Información” ya no es una promesa sino un programa en aplicación acelerada).

Por otro lado, la tradición de la economía política no puede permanecer ajena a esta efervescencia teórica, ni mucho menos aún a los cambios vertiginosos que experimentan todas las sociedades, acompañados por crecientes crisis mundiales en el campo de los sistemas productivos, la transnacionalización, la desocupación, y los abismos de desigualdad social, operando todo como un contexto macroeconómico y macropolítico en el que se insertan en forma directa o bien indirecta todos los procesos locales. Las teorías de las redes y el Capital social, así como las Tecnologías de Información y Comunicación, son las que precisamente pueden operar como articuladoras de hipótesis y proposiciones entre procesos locales y los globales, entre niveles de análisis micro y los macrosociales.

I. Wallerstein (1998) vá aún mas lejos, al proponer la teoría de la "economía mundo", y el "sistema mundo" como unidades de análisis fundamentales para el estudio de los procesos sociales "Hemos venido diciendo desde el principio que nuestra perspectiva es unidiscipliaria".."Hay mucho trabajo por hacer en tres niveles:teórico, metodológico y organizativo".."Todo científico social usa de ordinario la distinción entre tres terrenos: el económico, el político y el sociocultural. Nadie nos cree cuando decimos que existe un solo terreno con una sola lógica".."La pregunta teórica es si esta tríada de terrenos de acción social -la economía (o el mercado), el sistema de gobierno (o el Estado), la sociedad o la cultura- es del todo útil o si más bien es perjudicial. ¿Podría pensarse, incluso hipotéticamente, que alguno de los tres tuviera una actividad autónoma?" (I. Wallerstein, 1998). Ciertamente, la noción de capital (y su acumulación, apropiación y reproducción) ha sido fundamental para la teoría económica, y su valor como metáfora social implícita o explícita sobrevuela directa o indirectamente las teorías e interpretaciones de varias otras ciencias sociales, además del imaginario de casi todo el mundo actual.

La idea de la "sociedad en red", articulada y reticulada a través de las TIC's, descentra los ejes tradicionales de interpretación sobre la solidez, permanencia y jerarquías de las instituciones de la modernidad, así como la (re?)estructuración espacial entre centros y periferias. Se generalizan interesantes proposiciones sobre diferentes formas sociales del "capital" (cultural-simbólico, humano y aún hasta "virtual" si incluímos las nuevas formas de valorización a mercados futuros, a lo que la jerga de los economistas denomina derivativos, y en especial de las acciones de empresas de "High Tech"). Todas son construcciones conceptuales (o "constructos") eminentemente transdisciplinarios. Intentan construír "teorías-puente" que cierren las brechas abiertas por siglos de tradición epistemológica que llevó la división del trabajo en el campo de la investigación social a senderos de hiperespecialización intradisciplinaria, muchas veces disociada de las problemáticas sociales básicas sobre las cuales los "padres fundadores", fueron construyendo durante decenios la reflexión y los grandes discursos sobre la economía, la política y la cultura en la sociedad moderna.

Desde una perspectiva superficial, podría objetarse a este nuevo uso generalizado del concepto de capital en terrenos tradicionalmente privativos de la psicología, la sociología y la ciencia política, como una forma de reduccionismo economicista (hoy bastante en boga, pero en enfoques que distan de los objetivos aquí expuestos). Vale la pena dejar en claro que esta ampliación del uso del término "capital" solo puede parecer a primera vista un reduccionismo. En un sentido analítico profundo, podría asegurar una gran productividad teórica y un enriquecimiento para la construcción de proposiciones e hipótesis de investigación que ayuden a entender condicionamientos y asociaciones estrechas entre procesos macrosociales y otros propios a ámbitos de investigación tradicionalmente reservados a las "ciencias del comportamiento". En el uso cotidiano de las sociedades capitalistas, hace ya décadas que la gente se ha referido a las relaciones sociales, los círculos de pertenencia y hasta a ciertos amigos como un "capital" sumamente valioso, aunque con lógicas reservas éticas. Unos cuarenta años atrás, escuché por primera vez de boca de un hombre mayor que había perdido su fortuna, decir que "mi mayor capital, son mis relaciones" y que con ellas podría recomponer su vida. En los años sesenta, esta afirmación era realmente inesperada y chocante, y aunque el hombre no era precisamente un científico social - o tal vez debido a ello - logró finalmente realizar su propósito, con un buen casamiento de por medio. Por otro lado, ya la Biblia está llena de metáforas sobre los "bienes" espirituales ("No acumuléis riquezas en la tierra sino en el cielo", etc.). Al fin y al cabo, el capital es una construcción histórica y social, sobre la cual los hombres han proyectado o "depositado" infinidad de significados, mitos, valores y fetiches, generalmente asociados al poder, la seguridad, el control sobre el futuro y los demás seres humanos.


- - Referências Bibliográficas- -

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Mendicoa Gloria & Veneranda L. "Exclusión y marginacion social". Espacio Ed. Bs. As. 1999).

Wallerstein Immanuel. "Impensar las ciencias sociales", Siglo XXI, México, 1998. pág.293.

Finquelievich Susana. "Las redes ciudadanas sustentadas por TIC's". Proyecto en ejecución.

Vizer, Eduardo A. "La emergencia de la(s) organización(es) del sector social (tercer sector). implicancias para el desarrollo social y las políticas públicas". Proyecto de investigación.

Mastrini G., Herscovici A., & Bolaño C. "Economía Política de la Comunicacao y la Cultura". En Globalización y monopolios en la comunicación en A. Latina. Biblos, 1999.

Coleman, James. Sources of "Social Capital in the Creation of Human Capital" American Journal of Sociology. 1998.Key Readings S95-S120
Collier, Paul. "Social Capital and Poverty" (92KB PDF) Papers in Progress. Washington. 1998.
Evans, Peter "Government Action, Social Capital and Poverty Net Resources Development: Reviewing and Tools". World Bank (mimeo) 1996.

 




(*) Doctor en Sociología. Profesor Titular Regular de la Cátedra Promoción Comunitaria, y del taller de Comunicación Comunitaria. Coordinador del proyecto y 1er. Director de la carrera de Ciencias de la Comunicación, Universidad de Buenos Aires.

e-mail: evizer@yahoo.com
Intendente Aphalo 194, CP 1642
San Isidro. Buenos Aires. Argentina

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