El término Capital Social –y la metáfora del
“cultivo social” que proponemos aquí- ha comenzado
a asociarse a las mutuas influencias e interrelaciones entre redes,
ya sean éstas estrictamente sociales o bien tecnológicamente
mediadas (redes sociotécnicas apoyadas en medios tecnológicos).
La noción de C.S. vá insertándose paulatinamente
en diferentes disciplinas con sentidos específicos, cada
una con una interpretación particular. Así también
el acceso a medios de intercambio de información y comunicación
pueden considerarse como agentes de crecimiento (o bien de transformación)
del capital social, el de la formación y capacitación
de capital humano y de conocimientos de una comunidad, ya sea
ésta local, regional o mundial, circunscrita a un espacio
geográfico o bien virtual (comunidades virtuales sustentadas
en TIC´s).
La emergencia reciente del paradigma del capital social (C.S.)
provee un marco teórico para entender y/o construír
relaciones sumamente fructíferas entre diferentes ciencias
sociales. Por otro lado el crecimiento exponencial de los sistemas
de redes electrónicas y telemáticas tanto públicas
como privadas (TIC's), puede concebirse teórica y empíricamente
desde la perspectiva de su función en la promoción
y desarrollo tanto cuantitativo –como conexionismo social-
así como cualitativo (como “cultivo social”
de la comunión, confianza, reciprocidad, participación,
proyección de futuro, etc.). Como política de sinergia
y articulación entre diferentes actores sociales (comunidades,
agencias estatales y públicas, instituciones, etc.).
En
la Universidad de Michigan un equipo interdisciplinario
de economistas, sociólogos, cientistas políticos
y antropólogos que ha conformado el "Grupo de
Interés del Capital Social" (SCIG en inglés),
lo define como:
"Los
beneficios potenciales, ventajas y tratamiento preferencial
que resulta de la simpatía y sentido de obligación
de una persona o grupo hacia otra persona o grupo de personas.
El Capital Social también incluye los potenciales
beneficios, ventajas y tratamiento preferencial que se origina
en la simpatía y sentido de obligación hacia
el yo idealizado".
Esta
definición incluye consideraciones de otras definiciones
de C.S.: para Bourdieu (1986), las obligaciones sociales
o "conexiones" son convertibles en capital económico
bajo ciertas condiciones; como un recurso de los individuos
que emerge de sus relaciones sociales (Coleman, 1988); como
actividades mutuamente beneficiosas que promueven y refuerzan
un sentido de bien común (Fannie May Foundation,
1996); bien común evidentemente asociable a la noción
de bien público; a la habilidad para crear y sostener
asociaciones voluntarias (Putnam, 1995); a la confianza
(Fukuyama, 1995); y a las relaciones de mutuo cuidado ("caring"
en el original en inglés) entre personas y sus instituciones
(Robinson y Schmid, 1991).
Coleman
(1988) planteó su utilización en la sociología;
Portes y Landolt (1996) atribuyen el origen del término
a Bourdieu en los 70, con su noción de estructura
social como una "topografía" de relaciones
sociales, y propone que los actores sociales se hallan posicionados
de acuerdo a sus "patrimonios" de capital económico,
social y cultural. Woolcock señala el uso del término
ya a comienzos de los 60. Hyden (1993) discute la noción
de C.S. desde la perspectiva de la ciencia política.
Putnam (1995) sugiere que la oferta de C.S. en los Estados
Unidos ha decrecido. Fukuyama (1995) lo asocia a la confianza
y sugiere que la confianza o el C.S. se halla en la fundación
de la acción colectiva. C. y J. Flora sostienen la
importancia del C.S. para el sostenimiento del contrato
social de la sociedad. Robinson, Schmid y Hanson (1995/6)
discuten el rol del C.S. en la economía, y Fox (1996)
lo hace para el desarrollo. Gold (1994/5) ha escrito sobre
como el C.S. puede funcionar como un recurso para organizar
el desarrollo comunitario y la capacidad de emprendimiento
(entrepreneurship) entre poblaciones definidas "étnicamente".
Finalmente, Kawachi, Kennedy y otros (1997) han demostrado
que la desigualdad en los ingresos se relaciona a la reducción
de la cohesión social, y que la desinversión
en C.S. se halla asociada a un aumento de la mortalidad.
Las
TIC's, como un término que describe un conjunto heterogéneo
de técnicas, sistemas de aparatos electrónicos,
máquinas "inteligentes", redes tecnológicas,
programas informáticos y usos sociotécnicos
y culturales que se hallan en pleno crecimiento exponencial,
se hallan aún en una etapa primaria de búsqueda
de marcos teóricos de interpretación que les
sirvan de articulación y sustento conceptual.
Este trabajo propone discutir y asociar el "complejo
TICs" con el marco del paradigma naciente del C.S.,
y encuadrar la diversidad creciente de aplicaciones sociales
de las mismas desde una perspectiva que plantee la posibilidad
de desarrollar programas y políticas públicas
que promuevan su función como promotoras de crecimiento
del capital social y humano de la comunidad.
El crecimiento
-asociado a bienestar- se entiende como aumento del conjunto
de recursos disponibles que favorezcan el desarrollo de
capacidades y espacios de funcionamiento (Amartya Sen, 1995),
"conjunto de las capacidades, que puede entenderse
como libertad de la que goza una persona para buscar su
bien-estar" Desde esta perspectiva "la pobreza
es vista en términos del fracaso de las capacidades
para la consecución de determinados funcionamientos"
(G. Mendicoa y L. Veneranda, 1999). Las TIC's pueden concebirse
como recursos de capital físico (y tecnología)
y desde la perspectiva de "fuerzas productivas"
para el desarrollo de las capacidades de funcionamiento
que favorezcan la producción de capital social, humano
y simbólico en la sociedad. Las Políticas
Públicas y Sociales deberían entonces promover
las TIC's como recursos públicos para el acceso,
la creación y apropiación social de todas
las formas de capital (tendencia que se acentúa eminentemente
en círculos privados ya de por sí ricos en
recursos y capital). Estas políticas favorecerían
el desarrollo autosostenido de la sociedad civil (comunidades,
Organismos No Gubernamentales, sistema educativo, de salud,
comunicaciones, acceso a fuentes de información,
y todo lo que se engloba bajo el término aún
difuso de "conectividad", y de las propuestas
sobre el diseño de Sistemas de información
centrados en la persona humana "Human Centered Information
Systems").
Históricamente,
este proceso ha comenzado por las instituciones militares
y el Estado "invisible"; luego por el uso empresario,
económico y financiero -el mas "globalizado"
y des-controlado- siguiendo por los centros de investigación,
las universidades, los sistemas de educación, salud,
seguridad, etc. En todos los casos, la creación y
la difusión de redes telemáticas, -socialmente
cada vez mas horizontales- ha hecho crecer en forma exponencial
la cantidad de relaciones, de filiaciones, vínculos
e identificaciones sociales posibles tanto para los individuos,
como los actores sociales y las instituciones.
La
intensidad y duración de las relaciones sociales
varía de acuerdo a la durabilidad e intensidad del
C.S. creado por las interrelaciones sociales. La intensidad
de éstas puede describirse como una función
directa del tipo regular de comunicación involucrada
entre los actores: cara a cara o bien a través de
un medio de comunicación. La intensidad de las relaciones
sociales puede también depender del sentido y el
objetivo de la comunicación establecida. Si el propósito
es fortalecer la propia posición económica,
es totalmente diferente de la que se establece entre amigos
o una pareja que intenta fortalecer sus vínculos
emocionales y su compromiso mutuo.
Una
característica del C.S. es que -a diferencia de otras
formas de capital- es intrínsecamente social desde
su origen (las propias relaciones humanas, el contexto y
el “milieu” social y cultural en que los individuos
“cultivan” sus relaciones y condiciones de vida;
su “mundo de la vida”, en los términos
de Husserl). El capital financiero se origina en los mercados
financieros. El Capital Humano se origina en las instituciones
y los contextos educativos y de capacitación, dentro
de los cuales - o a través de los cuales - las "capacidades
de funcionamiento" - en el sentido que le otorga A.
Sen - pueden desarrollarse como talentos, técnicas
y conocimientos enseñados y aprendidos (según
la calidad del sistema y de los procesos de enseñanza-aprendizaje).
El capital físico, se origina en la producción
y el empleo de bienes materiales utilizados para el propio
proceso productivo. Bourdieu originariamente concibió
el término de capital simbólico para referirse
al acceso y la posesión de bienes culturales, y otros
autores agregan a la lista conceptos como capital emocional
para describir los sentimientos de apoyo, pertenencia y
adscripción a círculos y redes sociales (familia,
amigos, iglesias, terapias, instituciones de contención,
etc.).
En
el C.S. juegan un rol fundamental la sociabilidad, las simpatías
y el sentido de obligación y solidaridad que se desarrollan
debido a la durabilidad -a veces la permanencia de por vida-
así como la capacidad de las relaciones sociales
para proveer al individuo de afectos, y de la percepción
de que puede recibir con seguridad y repetidamente un tratamiento
preferencial y beneficios en la forma de apoyo afectivo,
bienestar y cuidado material. Así también
éste C.S., en la forma de confianza y simpatía,
puede comenzar a disminuír si no hay reciprocidad,
o sea si un individuo, grupo o institución "usan"
su C.S. en forma de abuso, engaño o extorsión
sin demostrar interés de compensar con alguna forma
de acción o de aporte hacia los demás (interés
en mantener y reponer su propio C.S.).
El C.S.
del que pueda disponer una persona, grupo o comunidad, condicionan
el acceso a una amplísima gama de bienes y servicios.
Se puede mencionar servicios públicos, legales, vivienda,
educacionales, de empleo, bienestar social, consumo cultural
y simbólico, etc. Así también, el C.S.
puede determinar en gran parte diferentes términos
del intercambio de bienes y servicios: entre miembros de
familias, desconocidos, grupos de interés, etc. El
C.S. incide enormemente sobre los logros laborales y educativos
de la persona, sobre las pautas migratorias (la migración
hacia las ciudades, el apoyo al migrante y la convivencia
con parientes).
LAS
REDES TECNOLÓGICAS DE INFORMACIÓN Y COMUNICACIÓN
Y EL “CULTIVO” DEL CAPITAL SOCIAL Y HUMANO.-
En relación a las redes sociales sustentadas por
TIC's, se pueden mencionar en principio cuatro clases bien
diferenciadas según su origen de formación
y los modos de participación de los individuos en
las mismas.
En primera
instancia podemos mencionar la creación de redes
comunitarias de TIC´s en forma de redes electrónicas
voluntarias, implementadas por grupos preocupados por la
promoción o el mantenimiento de valores de C.S y
cultural, o bienes e intereses públicos comúnes
(espacios públicos, derechos humanos, salud, etc.).
En un segundo caso existen grupos que pueden nacer o crecer
a partir de la promoción de redes "corporativas",
como expresión de sectores particulares en representación
de sus intereses, y que sostienen actitudes de defensa,
ataque o de presión pública. Un tercer caso
representa mayormente la oferta de servicios especiales,
de redes virtuales a partir de su origen y de sus fines,
muchas veces ligadas a nuevas formas surgidas de la propia
dinámica de ofertas y emprendimientos -o microemprendimientos-
de las redes virtuales, y la posibilidad de promover e incrementar
servicios hacia sectores con nuevas necesidades y demandas.
Por último, se halla la formación de redes
surgidas de la economía privada tradicional, que
buscan expandir las ventas de bienes y servicios cubriendo
los nuevos mercados virtuales con información y publicidad
(la economía y el comercio "real", explorando
la expansión de los mercados virtuales). A la larga,
se verá si las cuatro formas no buscarán por
la propia lógica avasalladora del mercado, una tendencia
hacia la convergencia, en un espacio virtualizado.
Los
grupos, o sectores sociales generalmente ya de por sí
ricos en varias formas de capital, buscan expresamente desarrollar
una red electrónica que les permita acrecentar o
mantener su acervo de capital originario, muchas veces por
medios asociados a la cooptación o la fusión
(fenómeno ya observado con los medios de comunicación
y las radios comunitarias surgidas en los 80). Pueden así
tender a cerrarse en círculos que buscan y adquieren
información estratégica, acceso a canales
y medios de poder político, ventajas materiales,
etc. El gran peligro de este uso de las TIC's recae obviamente
en que su objetivo central se halla en crecer privadamente
a expensas del resto de la sociedad o bien de otros sectores.
La excepción estaría en la formación
de "redes de defensa" de intereses y valores públicos.
Estos son los casos a los que se deberá prestar especial
interés. Son las que se hallan en el origen de la
formación de redes de defensa de derechos de género,
de las minorías étnicas, de sectores desfavorecidos
de C.S., de sectores semimarginados social o culturalmente,
etc.
Cuando
los grupos se conforman en diferentes redes, generalmente
buscan aumentar sus ventajas a expensas de otros o de la
sociedad. En la arena política, los grupos de interés
pueden llegar a controlar la agenda pública, y no
exactamente en el sentido del interés de la sociedad.
Esta ventaja se logra porque el grupo tiene recursos de
C.S. mayores que otros, y se halla mas y mejor organizado
que la sociedad civil. Innumerables ejemplos históricos
nos permiten ilustrar este proceso (partidos políticos,
agrupaciones sectoriales, corporaciones nacionales y en
especial transnacionales).
Identificar
como capital a los beneficios potenciales que se derivan
de sentimientos como la simpatía y el sentido de
obligación, revela cualidades equivalentes a las
asociadas al capital en el sentido tradicional. La noción
de capital sugiere la posesión de un bien duradero,
de un recurso poderoso que ayuda a retener la identidad
de su propietario, y que en sí mismo puede mantener
un valor y una identidad social propia; la que puede ser
usada, instrumentada, transformada o destruída, mantenida
o incrementada. Asi, con respecto a otras formas de capital,
podemos preguntarnos sobre que clases de valores y servicios
son proveídos por el capital? Cuáles son los
procesos mediante los cuales el C.S. es usado, mantenido,
e incrementado? Quién lo controla? Cómo se
manifiesta, como puede ser evaluado y aún medido?
Que indicadores habrá que elaborar para desarrollar
programas de investigación y de "intervención"
social (Políticas Públicas)?
Estas
preguntas son mucho más que meras inquietudes académicas.
El fracaso de las políticas centralizadas y autoritarias
aplicadas en países "subdesarrollados, periféricos,
o emergentes" (en términos del vocabulario internacional
actual) obliga a repensar las estrategias nacionales de
desarrollo y a contar con instrumentos conceptuales y también
operativos que permitan asociar al Estado con las comunidades
y la sociedad civil en programas de colaboración
para el crecimiento de las diversas formas de C.S.y humano.
Las TIC's por sí solas no son una solución,
pero indudablemente son indispensables para construír
nuevas formas de lucha contra la marginación, la
desocupación y la pobreza, y los programas de educación,
capacitación, información pública,
salud y seguridad social.
Ni la
"sociedad de la información" de los prospectivistas,
ni su sucesora la "sociedad del conocimiento",
deberían concebirse como expresión de nuevas
formas históricas de formación de élites,
ligadas ahora a la producción, gerenciamiento y transformación
de los nuevos bienes y servicios de la sociedad posindustrial:
o sea como élites del conocimiento, y mucho menos
aún si siguieran la tendencia actual de formación
de élites tecnocráticas regidas por racionalidades
utilitarias y eficientistas (comúnmente descriptas
como "pensamiento único"). La propia estructura
de las "redes comunitarias electrónicas sustentadas
por TIC's" (S.Finquelievich, 1999) socava en principio
cualquier tendencia hacia la centralización en este
sentido. El proceso tiende mas bien a la multiplicación
exponencial de las redes, a su especialización en
ciertos temas, agenda de problemas, informaciones y conocimientos.
El capital informacional y simbólico de la sociedad
tiende a expandirse y descentralizarse, y a escapar de fuerzas
centrípetas (o "atractores" en términos
sistémicos) que favorezcan la formación de
élites centralizadas.
La existencia
de un sólido C.S. y humano, aumenta las posibilidades
y demandas de inversiones en bienes públicos (salud,
educación, seguridad) cuando el público se
halla asociado a contextos y redes ricas en C.S. La demanda
de inversión y la conciencia de derechos de acceso
a recursos y bienes materiales y culturales aumentan en
función de la percepción de los mismos como
una necesidad para el mejoramiento del bienestar. Una anécdota
real ayudará a ilustrar esta proposición que
a primera vista puede parecer algo abstracta. Hace unos
años, un gobierno quiso implementar un programa integral
de provisión de servicios básicos para un
barrio pobre cuyos pobladores ocupaban todo un cerro cercano
a la ciudad. Sensatamente, comienzan por hacer un estudio
por áreas y vecindarios. La sorpresa surge cuando
los planificadores descubren que las prioridades de los
pobladores no solo eran diferentes sino que respondían
a un patrón ligado a la altura de cada vecindario
en el cerro. Los pobladores de la base exigían mejores
caminos de acceso, los de la parte media del cerro exigían
gas para cocinar y calentarse, y los de la parte alta solo
pedían agua. A medida que se elevaba la altura de
la vivienda, decrecían las condiciones de vida y
la provisión de servicios, y esto determinaba una
percepción de necesidades y demandas diferentes.
Como los recursos del país son muy insuficientes,
el programa debió adecuarse a las demandas percibidas
por cada sector de la comunidad. De haberse aplicado el
programa concebido originalmente, de tipo centralizado y
vertical, los escasos recursos hubieran sido no sólo
insuficientes, sino que probablemente todo el proyecto hubiera
naufragado. Ni las necesidades ni las demandas sociales
son valores objetivos y absolutos, sino en su mayor parte
"construídos" y percibidos por la propia
comunidad, y es en tal sentido que el Estado debe respetar
e incluír la visión social de las mismas y
las perspectivas de las diferentes comunidades así
como los términos de la diversidad cultural en los
diseños de las políticas sociales.
El crecimiento de las diferentes formas de C.S. de una comunidad
puede ser concebido como mejoramiento de las condiciones
de vida, de la calidad objetiva y también la percepción
de la misma por parte de sus miembros, de los "valores"
sociales adquiridos en el tratamiento de la salud, la educación,
la autonomía de decisión, participación
en el diseño e implementación de programas
sociales, etc. Para esto se requiere generar patrones estables
de interacción y de cooperación, y de acceso
a canales de información, comunicación y conocimientos
social y culturalmente relevantes para la comunidad. El
crecimiento del C.S. en un sentido restringido y asociado
a los medios de información y comunicación,
alude a un incremento que es físicamente medible
por medio de indicadores materiales, sociales y también
culturales en el caso de las TIC's, a través del
acceso de una población a múltiples canales
y formas de intercomunicación. El desarrollo del
capital humano y de conocimientos por medio de la educación
y la capacitación, pueden incrementarse asimismo
en forma exponencial por sistemas online que se desarrollan
y aplican gradualmente en todo el mundo.
Desde
iniciativas de la propia sociedad civil, el "Sector
Social" (o Tercer Sector, ni estatal ni privado) este
proceso se vá concretando a pasos agigantados por
medio de las "redes ciudadanas sustentadas por TIC´s"
como "sistemas informáticos on-line concebidos
para promover y estimular la comunicación, la cooperación,
la participación y el intercambio de información,
experiencias, bienes y servicios entre los ciudadanos y
los actores públicos y privados de una comunidad
(ONG's, instituciones gubernamentales, y empresas privadas)
mientras simultáneamente abre la comunidad local
a la comunicación en red con la comunidad global"
(S. Finquelievich, 1999). Según la visión
mas aceptada, se conciben tres clases de redes (anteriormente,
en este trabajo hemos descripto cuatro): las de interés
privado; las "redes cívicas" de propósito
múltiple, promovidas por el Estado (como el programa
de Internet generalizado para la Argentina actual); y por
último las redes comunitarias concebidas como un
servicio público, y surgidas en base a iniciativas
de la sociedad civil (universidades, ONG´s, municipios,
etc.).
Casos
diferentes, de una enorme proyección futura para
el diseño de políticas públicas, -
y sumamente interesantes de analizar - surgen de la colaboración
entre los tres sistemas de redes para el desarrollo de programas
sociales específicos. Un ejemplo para seguir de cerca
se halla en el proyecto LINCOS (Little Intelligent Communities,
donde "little" no se refiere precisamente al "tamaño"
de la inteligencia sino al de las comunidades). La Fundación
Costa Rica Para el Desarrollo Sostenible, el Instituto Tecnológico
de Costa Rica y el Massachusetts Institute of Technology
(MIT), han desarrollado los primeros prototipos de centros
LINCO, uno en Costa Rica y el otro en el MIT. Se trata de
contenedores marítimos equipados con un enlace satelital
digital, una conexión telefónica inalámbrica
local, laboratorios de análisis, servicios de telemedicina,
un laboratorio computarizado, educación a distancia,
comercio electrónico, servicios bancarios y un centro
de información multipropósito. La energía
proviene de paneles solares y el contenedor puede ser instalado
en cualquier comunidad rural y en lugares de difícil
acceso como montañas o en la selva. El proyecto,
que comienza en Costa Rica, prevé próximamente
la instalación de 25 LINCOS en localidades rurales
de América Central. El contenedor cuenta con un laboratorio
computarizado que servirá de apoyo a la escuela local
y un centro de telediagnóstico de salud que permite
a los usuarios hacer consultas con médicos de la
capital del país sin necesidad de trasladarse. Un
centro de información vía Internet responde
a consultas de los vecinos, un auditorio para videoconferencias
y servicios de cajeros automáticos, bancos y tarjetas
con microprocesadores completan la oferta de servicios.
El proyecto cuenta también con el apoyo de empresas
como Motorola y Hewlett Pacckard, que ayudan a cubrir el
costo de U$S 50.000 de cada LINCO. Tomando en cuenta la
magnitud de los servicios que provee, el precio es accesible
para la mayor parte de las zonas rurales y periféricas.
TEORÍAS:
CAPITAL SOCIAL; SECTOR SOCIAL; REDES SOCIALES Y VÍNCULOS.-
Ambas teorías -la de las redes y la del capital social-
se hallan en un proceso de estrecha y fructífera
vinculación. N. Kenneth (1997) formula una definición
alternativa de C.S., vista como un proceso subjetivo que
se asienta en la cooperación, la confianza y la reciprocidad,
un "fenómeno subjetivo compuesto por varios
valores y actitudes que influencian el modo en que las personas
se relacionan entre sí". Explora diferentes
"modelos" de confianza y redes sociales en las
concepciones de la democracia y el C.S. Desagrega a éste
último en normas, valores y redes sociales y examina
las conexiones entre ellas en los procesos cooperativos
y de compromiso cívico en las democracias actuales.
El foco de análisis se centra en los valores, las
actitudes y la reciprocidad que ayudan a los individuos
a superar relaciones conflictivas y competitivas para buscar
crear relaciones de cooperación y ayuda mutua. La
reciprocidad evoca la expectativa de que lo que "se
dá" será retribuido de alguna manera
por alguien en el futuro. Esta expectativa descansa básicamente
en la confianza en los demás, y permitiría
transformar relaciones conflictivas y competitivas propias
de la visión Hobbessiana de la sociedad, en una basada
en la cooperación y la acción colectiva voluntaria,
generando mas entendimiento y buena voluntad para la resolución
pacífica de los conflictos. Cuando las redes sociales
son concebidas como un componente central del C.S., la atención
se focaliza en la potencialidad de las relaciones sociales
para mejorar el funcionamiento social y político.
La relación entre redes sociales y valores es central
para la teoría del C.S.
Kenneth
examina la relación entre la confianza y las redes
sociales en tres "modelos" de la democracia y
el C.S. El primero es caracterizado por la sociedad comunal
tradicional, con gran confianza social; el segundo se halla
representado por las asociaciones voluntarias, la solidaridad
"orgánica", menor confianza y en función
del modelo de la "virtud cívica" de Tocqueville.
El tercero se formula sobre la democracia moderna, la confianza
abstracta, las comunidades imaginarias, la educación
y los medios de comunicación. Por último,
el autor sugiere que para entender la naturaleza del C.S.
en la sociedad moderna, se debería ir mas allá
de la concepción clásica de democracia que
aún prevalece.
La noción
de red social es realmente una denominación nueva
para una antiquísima forma de asociación humana
(parentesco, familia, liderazgo). Pero es la "arquitectura
institucional" o forma predominante de crecimiento
de las organizaciones sociales a partir de fines del siglo
XX. La era Posindustrial es también la de la posorganizacion,
el posautoritarismo verticalista, y las nuevas formas de
relación y asociación social. Pero también
puede ser presumiblemente el origen de un nuevo "huevo
de la serpiente", un catalizador de la centralización
de bases de datos sobre fuentes de información global
y de nuevas formas de control social por medios hipertecnológicos
(no olvidar el escándolo estallado en el Parlamento
europeo por las denuncias sobre el control global de la
información acordado entre países del mundo
anglosajón, por medio del sistema Echelon vigilando
desde el espacio).
Para
la teoría de las redes, no existe mas “un centro”,
ni de decisión ni de ejecución ni de poder.
Aunque la investigación social será la que
confirmará o refutará esta tesis optimista.
Una red voluntaria se mantiene mientras sus miembros desean
y necesitan de ella. Cuando esta voluntad personal desaparece,
también lo hace la red. En teoría sería
un modelo de organización democrática "instantánea"
de libre elección personal, constreñida en
el tiempo y en un espacio virtual y sujeta al deseo de la
duración de las motivaciones o intereses de sus miembros.
Si los
iniciadores, o los responsables, como motores de la sinergia
de una red, no saben o no pueden comprender y asumir este
proceso, y renovar la sinergia, la red deja de existir.
En resúmen, parafraseando una famosa metáfora:
“ninguna red es más resistente que su trama
mas fina”. Y la trama de una red es tan fuerte o tan
débil como los vínculos y el cultivo emocional
y simbólico que mantienen unidos a los seres humanos.
En todas
las relaciones sociales, los vínculos sólo
son posibles si se logra crear un estado de confianza –una
especie de mística social que podríamos definir
como un “estado de gracia secular”- un sentido
de “comunión” que une y reúne
a un grupo humano. La envidia, los celos, la ambición,
el secreteo y el rumor son las arenas movedizas en que se
disgrega la confianza primordial. Una vez instalada, la
desconfianza es como la peste, a la corta o a la larga tiende
a disgregar la trama social y disolver los vínculos
y la credibilidad, proceso que en el ámbito político
se concibe como pérdida de legitimidad del contrato
social entre el pueblo y los gobernantes. Un término
técnico ligado a la desconfianza sería el
de incertidumbre, fenómeno social que acrecienta
las tendencias hacia la aislación, la inseguridad
general, y la competencia y sagacidad individual entre los
hombres, las mujeres y las instituciones con el solo fin
de resguardar las diferentes formas de capital (ya sea material
o social).
Tanto en las organizaciones en el sentido clásico,
como en las redes asociativas formales, los responsables
o directivos de las mismas, son "depositarios"
de la representación legítima de una red formal
institucionalizada (como organización legal, institución
voluntaria, fundación, etc.) y son representados
también como una proyección personal y subjetiva
que hacen los propios miembros en tanto grupo, hacia los
representantes del “centro imaginario” de la
propia red de pertenencia. Los directivos no solo representan
sino que sobre todo "comunican" tanto hacia el
exterior (hacia la sociedad), como también hacia
el interior de la red un imaginario de existencia "real",
dentro de un espacio y un tiempo determinados. Los directivos
son entonces un puente, un símbolo entre el afuera
y el adentro, entre lo real, lo formal y lo proyectado como
imagen idealizada del grupo, la red u organización.
El "puente" sólo sirve para cruzar o unir
ambas realidades si inspira suficiente confianza en los
principios y expectativas mutuas de reciprocidad social.
Este puente se halla construído por los actos y los
procesos de comunicación (directos e indirectos de
relación cara a cara o bien mediados por informes,
por la prensa, la radio, la televisión o las nuevas
TIC´s.)
El denominado Sector Social (o bien Tercer Sector) es otro
componente fundamental para avanzar en el estudio de las
relaciones entre el C.S., las redes y los procesos de comunicación
para el avance de la democracia. El Sector Social está
surgiendo como una expresión espontánea y
mayormente democrática de la sociedad civil. Se expresa
como una afirmación cultural reactiva y al mismo
tiempo positiva, de demanda y respuesta a la “crisis
de los sistemas de representación política”.
La sociedad ha dado origen a los movimientos sociales y
a la emergencia de las redes sociales informales, tanto
en las sociedades desarrolladas como en las periféricas.
Esto no sólo es un efecto del vacío dejado
por la desarticulación del Estado benefactor, sino
que también representa la necesidad de reconfigurar
los espacios decisionales tradicionales, con la finalidad
de que los ciudadanos tomen la iniciativa en la resolución
de los problemas sociales y con valores que incluyen concepciones
sobre la responsabilidad en un destino global. Es en este
sentido que resurge un explosivo interés en lo que
R. Castel denomina “gestión de los riesgos
sociales”, y la definición de perfiles de poblaciones
con “niveles de riesgo”, así como la
demanda de estudios sobre políticas públicas,
la formación de recursos humanos en gestión
social, y en los mecanismos de desarrollo y autosustentación
de las Organizaciones No Gubernamentales y el crecimiento
constante del denominado “Tercer Sector” (ni
estatal ni privado).
“Tanto
a nivel macro como microsocial, los sectores menos favorecidos
de la comunidad y las instituciones públicas y privadas,
se ven obligadas a cambiar sus estructuras y procedimientos
organizativos, tanto económicos y sociales como mentales:
lo local se rearticula en lo global, la organización
(empresa, organismo público o asociación comunitaria)
se rearticula en sistemas de redes y en contextos día
a día mas amplios. Al decir de Bell (1974), el desafío
es gerenciar la complejidad organizada. Primero la empresa,
luego la universidad y el Estado, y ahora las ONGs y las
asociaciones civiles, se hallan desarrollando la reflexión
y las estrategias teóricas y operativas para interpretar,
diagnosticar e intervenir en estos procesos de cambio”
(Vizer 1997, aportes para un Programa de Orientación
en Comunicación Institucional, UBA).
Tanto
la teoría de las redes sociales como la del C.S.
vienen a cumplir en este sentido, fructíferos y promisorios
recursos intelectuales. Por un lado para el análisis
y la integración interdisciplinaria de conocimientos
y la construcción de teoría relevante, y en
segunda instancia (last but not least) para el diseño
de estrategias de intervención social y profesional
cooperativa por parte de científicos sociales, el
Estado, las instituciones públicas y privadas y la
propia comunidad. Conocimientos aplicados para el diseño
de programas sociales no directivos, sino asentados en concepciones
de análisis de campo, diagnóstico participativo,
coordinación y mediación, apoyo y "facilitación
social"; todo orientado hacia el desarrollo de la (auto)gestión
participativa de la comunidad. El tema de las redes sociales
ha sido desarrollado desde distintas perspectivas, y en
algunos casos con una denominación diferente. Las
experiencias que se vienen desarrollando en diversos países
y en ámbitos sociales y culturales completamente
dispares, van construyendo un campo de estudio y de aplicaciones
totalmente innovador.
Desde
una perspectiva sociológica merecen destacarse los
aportes que relacionan los procesos de marginalización
generados en gran parte por el desempleo, la patología
económica y la patología social, las crisis
de identidad en las sociedades modernas con la ruptura de
las redes sociales de pertenencia y la pérdida de
la seguridad de los contextos locales. R. Castel (1991)
denomina a este proceso progresivo “desafiliación
social”, y Giddens habla de “desempotramiento”
de las instituciones, como “desprendimiento de las
relaciones sociales de los contextos locales y su recombinación
a través de distancias espacio-temporales indefinidas”.
Desde la terapia familiar K. Gergen ha afirmado tanto la
función de la red social para el desarrollo y cambio
de cada uno de los miembros de la familia (Sluzki C., Bott
E.), así como la importancia de apelar a ella en
la resolución de situaciones de crisis (Speck R.,
Klefbeck J., Maldonado A.). También el análisis
institucional ha reconocido al concepto de red como fundamental
para abordar el análisis, el diagnóstico y
la intervención en los grupos formales e informales,
en los procesos de comunicación y de decisión,
de crisis y de cambio en las organizaciones. El concepto
de red ha llegado a ser considerado como fundamental para
el desarrollo comunitario (y hasta como su “suplente”
para algunos teóricos centrados meramente en un nivel
de análisis microsocial). La creación de redes
de solidaridad social ha tenido en el psiquiatra Mony Elkaim
uno de sus iniciadores: “como precondición
para la creación de una red de solidaridad, tratamos
de que los miembros de la red se compenetren de la manera
en que el problema de un individuo es el de un grupo atrapado
en las mismas contradicciones”. El concepto clásico
de individuo autónomo, concebido como un ente separado
– o “separable”- del grupo, de su contexto
social, espacial y temporal, es así entendido como
una mera abstracción, propia de la figura y del discurso
jurídico y económico de la Modernidad. El
inmigrante, el marginado, el discriminado, sienten la distancia
y la “separación” que les impone la sociedad
y también la cultura, como una desvalorización
y una pérdida (pérdida de un capital social
y afectivo original). Este proceso parece precisamente el
revés de lo que pregona el individualismo clásico
(el triunfo individual, acceder “al éxito”,
tener una posición social “por arriba de”,
y no “con nosotros” en una comunidad de iguales).
Repensar
la vieja problemática de las relaciones entre individuo,
sociedad y cultura - tantas veces considerada como resuelta
o bien como falsa y obsoleta, pero siempre renaciente desde
diferentes encuadres - con instrumentos conceptuales como
las nociones de red y capital social, abre un campo de investigación
- que aunque sea redundante repetirlo - es intrínsecamente
interdisciplinario: desde las ciencias cognitivas a la psicología
social, de la sociología de los grupos y las organizaciones,
a la multiplicación de las aplicaciones sociales,
y a las redes de comunicación interactiva y la telemática
(redes informáticas de grupos, instituciones y comunidades
virtuales. Buenos Aires, por ej., hace ya un tiempo que
cuenta con un “hospital virtual”, redes de universidades
virtuales, bibliotecas, bancos de datos, educación,
grupos de apoyo, terapia y hasta relaciones sentimentales
telemáticas. La “autopista de la Información”
ya no es una promesa sino un programa en aplicación
acelerada).
Por
otro lado, la tradición de la economía política
no puede permanecer ajena a esta efervescencia teórica,
ni mucho menos aún a los cambios vertiginosos que
experimentan todas las sociedades, acompañados por
crecientes crisis mundiales en el campo de los sistemas
productivos, la transnacionalización, la desocupación,
y los abismos de desigualdad social, operando todo como
un contexto macroeconómico y macropolítico
en el que se insertan en forma directa o bien indirecta
todos los procesos locales. Las teorías de las redes
y el Capital social, así como las Tecnologías
de Información y Comunicación, son las que
precisamente pueden operar como articuladoras de hipótesis
y proposiciones entre procesos locales y los globales, entre
niveles de análisis micro y los macrosociales.
I.
Wallerstein (1998) vá aún mas lejos, al proponer
la teoría de la "economía mundo",
y el "sistema mundo" como unidades de análisis
fundamentales para el estudio de los procesos sociales "Hemos
venido diciendo desde el principio que nuestra perspectiva
es unidiscipliaria".."Hay mucho trabajo por hacer
en tres niveles:teórico, metodológico y organizativo".."Todo
científico social usa de ordinario la distinción
entre tres terrenos: el económico, el político
y el sociocultural. Nadie nos cree cuando decimos que existe
un solo terreno con una sola lógica".."La
pregunta teórica es si esta tríada de terrenos
de acción social -la economía (o el mercado),
el sistema de gobierno (o el Estado), la sociedad o la cultura-
es del todo útil o si más bien es perjudicial.
¿Podría pensarse, incluso hipotéticamente,
que alguno de los tres tuviera una actividad autónoma?"
(I. Wallerstein, 1998). Ciertamente, la noción de
capital (y su acumulación, apropiación y reproducción)
ha sido fundamental para la teoría económica,
y su valor como metáfora social implícita
o explícita sobrevuela directa o indirectamente las
teorías e interpretaciones de varias otras ciencias
sociales, además del imaginario de casi todo el mundo
actual.
La idea
de la "sociedad en red", articulada y reticulada
a través de las TIC's, descentra los ejes tradicionales
de interpretación sobre la solidez, permanencia y
jerarquías de las instituciones de la modernidad,
así como la (re?)estructuración espacial entre
centros y periferias. Se generalizan interesantes proposiciones
sobre diferentes formas sociales del "capital"
(cultural-simbólico, humano y aún hasta "virtual"
si incluímos las nuevas formas de valorización
a mercados futuros, a lo que la jerga de los economistas
denomina derivativos, y en especial de las acciones de empresas
de "High Tech"). Todas son construcciones conceptuales
(o "constructos") eminentemente transdisciplinarios.
Intentan construír "teorías-puente"
que cierren las brechas abiertas por siglos de tradición
epistemológica que llevó la división
del trabajo en el campo de la investigación social
a senderos de hiperespecialización intradisciplinaria,
muchas veces disociada de las problemáticas sociales
básicas sobre las cuales los "padres fundadores",
fueron construyendo durante decenios la reflexión
y los grandes discursos sobre la economía, la política
y la cultura en la sociedad moderna.
Desde
una perspectiva superficial, podría objetarse a este
nuevo uso generalizado del concepto de capital en terrenos
tradicionalmente privativos de la psicología, la
sociología y la ciencia política, como una
forma de reduccionismo economicista (hoy bastante en boga,
pero en enfoques que distan de los objetivos aquí
expuestos). Vale la pena dejar en claro que esta ampliación
del uso del término "capital" solo puede
parecer a primera vista un reduccionismo. En un sentido
analítico profundo, podría asegurar una gran
productividad teórica y un enriquecimiento para la
construcción de proposiciones e hipótesis
de investigación que ayuden a entender condicionamientos
y asociaciones estrechas entre procesos macrosociales y
otros propios a ámbitos de investigación tradicionalmente
reservados a las "ciencias del comportamiento".
En el uso cotidiano de las sociedades capitalistas, hace
ya décadas que la gente se ha referido a las relaciones
sociales, los círculos de pertenencia y hasta a ciertos
amigos como un "capital" sumamente valioso, aunque
con lógicas reservas éticas. Unos cuarenta
años atrás, escuché por primera vez
de boca de un hombre mayor que había perdido su fortuna,
decir que "mi mayor capital, son mis relaciones"
y que con ellas podría recomponer su vida. En los
años sesenta, esta afirmación era realmente
inesperada y chocante, y aunque el hombre no era precisamente
un científico social - o tal vez debido a ello -
logró finalmente realizar su propósito, con
un buen casamiento de por medio. Por otro lado, ya la Biblia
está llena de metáforas sobre los "bienes"
espirituales ("No acumuléis riquezas en la tierra
sino en el cielo", etc.). Al fin y al cabo, el capital
es una construcción histórica y social, sobre
la cual los hombres han proyectado o "depositado"
infinidad de significados, mitos, valores y fetiches, generalmente
asociados al poder, la seguridad, el control sobre el futuro
y los demás seres humanos.
- - Referências Bibliográficas-
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